Entrevistas

Entrevistas

Unidos por una pasión

1 de octubre de 2013

Imaginamos que la convocatoria tendría mayores alcances. Había sido pensada para dar respuesta a las inquietudes que suelen surgir en los dos últimos años de cursado, cuando se acerca el final de una etapa y uno tiene que empezar a armar un camino.

 

Fueron pocas las alumnas que entraron al aula seis con ganas de escuchar a Romina y a Iván, los primeros graduados que aceptaron brindar su testimonio del recorrido que muchos desean comenzar a trazar.

 

Los dos se recibieron de Licenciados en Kinesiología y Fisiatría en el año 2005, cuando nuestra institución aún mantenía vigente el convenio con la Universidad Nacional de San Martín. Compañeros de cursado y de estudio, su “ser profesional” se desempeñó en ámbitos disimiles.

 

Romina, también Profesora de Educación Física, siguió dedicándose a lo que siempre le había gustado: el deporte. Por ese interés el viernes recibirá su diploma en el acto de colación de la 1º Promoción de Especialistas en Kinesiología y Fisiatría del Deporte.

 

-La primera inserción en el campo laboral fue un esfuerzo muy grande. En 2005 estaba sola en los eventos deportivos con mi camilla -relata con cierta nostalgia-. Me gustaba eso.

 

En una de esas tantas asistencias que realizó, se cruzó con la persona que la llevaría al mundo del atletismo, con el cual se involucró al punto de ser hoy la Kinesióloga del equipo argentino de atletismo.

 

-No sé si fue suerte o aprovechar la oportunidad –dice acomodando su campera fluorescente. Siempre viste ropa deportiva de una marca que la sponsorea. Porque, además, es entrenadora de un grupo de running que ha sabido instalarse en Rosario como un espacio para la actividad física pero también para el encuentro.

 

De muchos colores suelen ser las remeras, camperas y accesorios que usa. Tal vez como un reflejo de su personalidad emprendedora. Impone su presencia tanto frente a sus alumnos como entre los 32 atletas a los que acompaña a cada competencia.

 

-El momento previo de la competencia es como el auto de Fórmula 1 cuando entra a boxes –explica Romina-. Chequear que todo esté bien y darle para adelante.

 

Mientras ella habla Iván la mira. Su recorrido ha sido distinto. -Lo mío claramente no fue el deporte -cuenta divertido previo a relatar sus vericuetos profesionales.

 

Dirá que cuando culminó su tesis no sabía bien qué hacer. Sabía que le interesaba trabajar en pediatría, de hecho su trabajo final había girado en torno al pie plano infantil.

Contará que cuando llevó su currículum a un centro de patologías graves “no sabía para donde salir corriendo”, que entró en crisis porque según él “no sabía hacer nada”.

 

De su desconocimiento surgió el descubrimiento de la problemática de la discapacidad y las ganas de profundizar. Comenzó a asistir a cursos de actualización y perfeccionamiento de posgrado, y se involucró en la cátedra de Psicomotricidad y Neurodesarrollo con el Lic. Silvio Falconi.

 

En 2007 hizo un curso básico Bobath, una terapia especializada aplicada a tratar los desórdenes del movimiento y la postura derivados de lesiones neurológicas centrales.

 

-El proceso de aprendizaje lleva mucho tiempo –dirá convencido de que todavía falta mucha teoría para incorporar-. Pero la pasión legitima todo lo obtenido.

 

Actualmente Iván abrió su propio centro junto con un colega. Puentes Rehabilitación Neurológica se llama el espacio donde además de atender pacientes desde la kinesiología, se trabaja con profesionales de otras disciplinas, se ofrecen cursos de especialización y se intentan generar espacios de encuentros y talleres sociales.

 

-Todo fue por amor –coincidirán ambos con una sonrisa de satisfacción. –